lunes, 11 de enero de 2010

La Gaceta - 10/01/2010: En el cine animado la clave está en contar una buena historia













Domingo 10 de Enero de 2010 | "Avatar", la joya en 3D de James Cameron y "La princesa y el sapo", que marca el regreso al tradicional mundo de los dibujos animados, muestran en los cines las dos caras de la animación. LA GACETA conversó con realizadores tucumanos sobre las técnicas de rodaje y la manera en la que se trabaja en la provincia.

Desde niño se entusiasmó por el dibujo y ya publicaba "Goyito" en el diario "El Pueblo", cuando apenas tenía 17 años. Con la seguridad de los que saben, Bernardo Vides Almonacid asegura: "la animación no es el género menor del cine. La animación es la síntesis, que no es el resumen de las cosas, sino la esencia misma, y por lo tanto podés comunicar más".
Docente de la Escuela de Cine y Video de la UNT, todos lo reconocen como el referente del género en la provincia, y se prepara para exponer una serie de fotogramas de dibujos animados, agendada para marzo en el Centro Cultural Virla.
Aunque no tiene la cifra precisa, recuerda que ha realizado alrededor de 20 cortos y documentales. Y no termina de admirarse del cine de animación. "Dibujos para oír; música para ver", declara cuando se le pide que arriesgue una definición sobre el género. "El cine de animación no tiene límites, la única frontera es la imaginación de cada uno. Es un arte que te permite delirar con lo que quieras", agrega. Así, por ejemplo, en su trabajo "La cumparsita", las líneas pueden construir, simulando, una pareja que baila; y de repente, un bandoneón, puede convertirse en el Obelisco. "Todo se transforma permanentemente, y se va pasando de una imagen a otra, sea abstracta o figurativa, eso no importa mucho", señala. "La cumparsita", "Chacalambo", "Malambito" "La primavera", "Norte", "Taquiña" y "Temblor en el horizonte", son algunas de sus numerosas obras.

- ¿Cómo es tu trabajo?
- Realizo tanto animación tradicional como la que llamo artesanal, que es cine arte. En la tradicional dibujo con el lápiz, utilizo el papel y el tablero de animación. Luego hay que cronometrar cada movimiento, recordando que un segundo son alrededor de 24 cuadros. Pero lo que más interesa es eso de lo artesanal, porque trabajo directamente sobre el celuloide, sobre un cuadro de 6 x 8 mm, con el plumín y el color. Hay como 6.000 dibujos en cada corto; eso es para mí un cable a tierra, un juego sin límites. En la animación tradicional ahora cuento con la asistencia de la PC, sobre todo en los cortos que hago para la UNT. Es que hay una parte del proceso que se ha modificado: hoy ya no se filma, y esto se hace con la PC.

-¿Qué tiempo te lleva una obra?
- Bueno, cuando son estos cortos publicitarios de la UNT, hay un límite de 40 segundos: lo que más me lleva es crear la idea, porque tengo que comunicar sin texto. Pero cuando hice "La cumparsita" dibujaba más de seis horas y durante varios meses.

- "La princesa y el sapo" es el grado cero de tecnología y "Avatar" lo más sofisticado...
- Bueno, en el primer caso es relativo, porque las pruebas, que antes eran filmadas, ahora son digitales, y eso te ahorra muchísimo tiempo y presupuesto. En 3D el artista no es ya el actor ni el dibujante, ni siquiera el director, sino el programador, en realidad. Pero, lo que más interesa es la historia más allá de la tecnología. "Avatar" es un paso más de lo que se viene, que será fantástico, es un avance. Pero sería mejor que toda esa tecnología sea más concisa... porque lo que más importa es la historia y no tanto la tecnología por sofisticada que sea.

- Hablemos de eso.
- Sí, insisto con la historia, porque no me importan tanto los efectos especiales ni la destreza, sino el relato; yo busco la emoción, busco conmover, creo que ese es el resultado que se debe buscar. Que puede ser tanto con cero tecnología o con máxima; con mucho o escaso presupuesto. Interesa el resultado final.

- ¿Qué le enseñás a tus alumnos?
- Primero, que vivimos en el Tercer Mundo, y que lo más importante es desarrollar la cabeza y no la técnica. Les enseño a aprender a pensar y a apostar a relatos con la menor cantidad de recursos posible.

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